Nota de prensa
6 de diciembre de 2010

 

La reducción de la volatilidad de los precios agrícolas es útil a la seguridad alimentaria

pero debe acompañarse de políticas de desarrollo.

 

El aumento de los precios de los cereales este otoño ha estado en el centro del debate organizado por el CIIA el 18 de octubre. Si el director “Agricultura” de la OMC defendió la libertad de los intercambios para actuar a la seguridad alimentaria en el mundo, el responsable de las compras de trigo del grupo Nutrixo destacó los riesgos incurridos en, a falta de transparencia de los mercados, por las empresas agroalimentarias.

 

El aumento de los precios de los cereales en 2007-2008 había causado múltiples motines del hambre. El año siguiente, los Jefes de Estado del G20 han emitido a Pittsburg recomendaciones para hacer frente a una excesiva volatilidad de los precios y mejorar el reglamento, el funcionamiento y la transparencia de los mercados financieros como mercancías. Con este nuevo aumento de los precios, el Presidente francés indicó que hace de esta cuestión una de las prioridades de su Presidencia del G20. En este sentido, los Ministerios de Agricultura, Asuntos Exteriores y la Agencia Francesa de Desarrollo organizó un seminario sobre la volatilidad de los precios para la seguridad alimentaria y el desarrollo.

 

Para establecer herramientas, conviene en primer lugar saber porqué y en qué actuar. Es necesario distinguir 3 elementos:

 

 - Los cambios bruscos en los precios (al alza coma a la baja) se deben a una tensión coyuntural entre la oferta y la demanda a múltiples causas (oferta estacional, demanda creciente en contra de una oferta que necesita tiempo para materializarse, desastres naturales...). Estas variaciones de los precios son aún más brutales que las existencias son reducidas mientras que la elasticidad “precios” es baja, como es el caso de las materias primas agrícolas. El fuerte incremento es aún más inaceptable para los consumidores que rara vez disminución comparable. No es ampliamente aceptada por los productores que sólo aprovechan marginalmente y temen una desorganización de sus mercados.

 

- La volatilidad de los precios se observa a corto plazo en los mercados con en corolario el concepto de riesgos calculados por el análisis estadístico de los datos del pasado. Esta volatilidad se mede por la desviación estándar con la tendencia. Puede ser aumentada a través de la difusión de insuficiente información o incorrecta. La evaluación de su evolución depende del período de referencia (aumentó durante las dos últimas décadas pero no desde el último medio siglo). Los productores pueden compensarlo con herramientas de tipo seguros o de cobertura en los mercados de futuros. La calificación “excesiva” de esta volatilidad porque demasiado costosa para los productores sólo surge de un consenso político-social. La reducción de la volatilidad impone el recurso a herramientas de alisado que implican intervenciones interprofesionales y/o públicas (regulación de los mercados físicos y financieros, creación de fondos de regulación) a nivel nacional, regional o mundial según las características de los mercados y de los operadores.

 

- La incertidumbre sobre la evolución de los precios se vinculó con las previsiones meteorológicas anuales. Esta incertidumbre se percibe como sinónimo de una volatilidad muy alta especialmente con la interdependencia de los mercados. Sin embargo, mediante el aumento de las exportaciones de trigo por los países ribereños del Mar Negro que registran rendimientos muy dependientes de condiciones meteorológicas erráticas podría hacer muy aleatorio la evolución del precio de este cereal. La herramienta de control por excelencia de esta incertidumbre ya se conocía de los faraones con la constitución de reservas estratégicas. Pero en mercados mundiales, la constitución de reservas estratégicas plantea muchas cuestiones difíciles a solucionar en una única reunión del G20: qué productos (arroz, trigo, maíz…), qué volúmenes, qué financiación, qué organismo de gestión…

 

La alta volatilidad es finalmente como la incertidumbre. Ella disuade a los inversores y no puede interesarlos sino a los especuladores. La reducción de la volatilidad o al menos la transparencia de las condiciones de formación de los precios es una condición necesaria para reactivar la inversión de producción agrícola y alimentaria. No obstante ser suficiente. Debe acompañarse de políticas ambiciosas de desarrollo para responder a largo plazo simultáneamente a las necesidades de energías renovables y a las exigencias de la seguridad alimentaria.

 

 

 

 

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